domingo, 22 de mayo de 2016
Maldonado
Maldonado. El arroyo maldito se llama Maldonado. Qué dones
te han dado, Maldonado. El don del mal. Y como al mal en una botella, también
te enfrascaron. Pero si fueras malo en
tu lecho estaríamos soterrados. Esa maldad que te han dibujado; el tan alabado Borges
fue un desgraciado en ese sentido. Vos deberías ser el bien donado. Vos sos el
bien donado, y no te dejan reclamar tu nombre. Cuando la noche es noche, la luz
es fría. Cuando tu nombre dicen, la noche es fiera. Maldonado, el maldonado.
Solo vivo quedás vos de quienes pueden recordar un buen aire desnudo, pero el
hombre de estas ciudades –y esto es
seria evidencia- ha dicho que el agua no importa, y esto es seria evidencia de
que el mal don lo tiene el hombre, entonces, de estas ciudades. Vi tu cara en
medio de aquella tormenta en que rebalsaste, con toda la furia de un río te
alzaste, aun siendo solo un arroyo, el arroyo Maldonado.
Regó tu agua una rosa en una esquina pero aun así Borges
habló mal de tu pequeña ribera. Arroyo
con más fuerza que el río, pero también más sabio.
Para que no nos ahogues, te hemos ahogado. Pido tu perdón,
Maldonado. Ojalá nunca, nunca me falte el agua.
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