La noche pasó ligerísima, pasó como un soplo, como una cosa aerostática. Pero la mañana, la mañana fue terrible. La salida del sol se sintió como un terremeto, sus rayos fueron como una fiebre de mil clavos punta paris de tres pulgadas violentando el cuerpo. Los pájaros y las primeras voces de fondo eran un tremendo amplificador acoplando dentro del tímpano. La visión estaba aturdida, pero no como el efecto de las cámaras en las películas; este era un aturdimiento casi escatológico. La sed, la sed era un estado estaqueado en las células;digamos que no era deshidratación porque no existía otra cosa, un no estado, media gota de agua. El estómago directamente se inmoló para superar la noche. Ahora no quedaba nada.
El sol, mientras era el dormir, hería de todas formas. Bajo su tremolar rebullía la sangre licuada por el alcohol. Hacía apretar todavía más las mandíbulas pasadas de cocaína.
Pasó todo como una mañana más. Los ojos se cerraban a la luz como una máscara de soldadura fotosensitiva. Apenas tanteado el camino al baño, vómito, vómito, vómito. El primero en el pasillo, el segundo en el inodoro, el tercero en la pileta; náuseas de solo verte la cara en el espejo.
El asco, el asco de un horrible cuerpo que te poseyó, que te royó por un par de bolsas de cocaína. Ese intercambio tiene un costo tremendamente mayor que el valor de ese pucho de droga, tiene un costo de años, tiene el costo de algo que nunca vas a olvidar, ni va a pasar a ser algo casual, tiene el costo del arrepentimiento. Tiene el costo de que si aprendés a no arrepentirte, para esto solo vas a aprender a no arrepentirte de arrepentirte. Superar. Supe. Su. Se. Se satisfizo el cuerpo una noche a cambio de miles de días bajo la enferma incandescencia de la indignidad, de la putrefacción del ser que entregó lo único que tenía en ese momento, que no el alma, el cuerpo apenas tenía.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Aguardiente porteño
Mierda canto luz calle cortada.
Biblioteca irrespetadabandonada. Libros
de paso, pase. Esquina moto pucho mierda mierda. Gatos de la calle acercándose a un sánguich en una mano y los
dedos finos apretando el pan y los otros dedos finos arrancando un pedazo de
paleta barata para ese gatito. El chiquito gato con dos patas en el asfalto y
dos en el cordón de la vereda. La marihuana viene de la otra cuadra como
lacrimógeno para los viejos que esperan apoyados en un Falcon rural ‘81 frente
a la puerta de la biblioteca irrespetadabandonada. Esperan ahí pero jamás leyó
el un libro ni ella más que bestesellers, esas palabras que nunca pensamos en
traducir. Como que mejores vendidos son los que se entregan a la entera
pasividad y mantienen cierta paz porque van al psicólogo qué esnob. Otra de
esas palabras que no podemos traducir esnob. Solo le ponemos la e. Quizá partió
de ahí un auto alguna vez, quizá un Falcon rural del ’81. Un Falcon que terminó
en un baldío, ahora nido de ratas o algo por el estilo. Quizá sería más
interesante ir hasta Boedo, hasta Pompeya. Yo colgué un farol de Falcon en la
pared de la pieza pero no me encandila, me encandila la luz apagada el frío la
brea dura el calor la brea blanda llena de tapitas de cerveza. Me encandila la
candela que veo cada tanto en los pasillos de la enferma oscuridad demográfica.
De qué lado vivirá de la General Paz candela. En realidad la pregunta es si
vivirá. Cuál es la primera pregunta que nos hacemos. La primer palabra suele
ser mamá o papá pero y la primera pregunta.
Las tonadas son tonadas, che. Te
canté muchas canciones y eso no es prometer amor eterno: las tonadas son
tonadas nomás. Sí es verdad que tenés algo de otro tan mundo, pero algo no iba,
así que no me enojo ni me dejo de enojar por este aguafuerte que me percutiste en
la piel. Tan de tan tan otro mundo tan mundo. Tan aprendí a idealizar y ahora
pulmones sin aire. Casi tan fiebre de empezar la de terminar, pero no. La
fuerza del portazo abre la puerta de la otra punta, ay que corre aire corre
aire ya. Del otro lado la vida de una vida se desgrana sorda sola sota.
Folclorismo de la mentira que me mira me ira me fiebre me pierde.
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