miércoles, 21 de diciembre de 2016

Desierto

Amás, a eso se remite todo. Si está bien o si está mal si te da resultado si te da pena si te da. A si tu condena es amar o si amás estar en condena. Todo se remite al amor. A lo mejor o a lo peor, al placer o al placar, el encierro.  Desde el amor más barato al más valioso desde lo mundano a lo inmundo ¿o serán lo mismo? Tan así como el bicho que camina entre estas palabras.
Qué es lo que terminamos en la vida. Una botella de cerveza, un plato de fideos, la jornada laboral, un curso, una carrera universitaria. Una relación con alguien, el tipo de relación con alguien. Mientras memoricemos estamos condenados a mantener las relaciones con las cosas, con los humanos, con los que fueron con los que son. Funesto el memorioso.
Vengo a cararrotearla para vos. Vengo a saber si qué. De cierto no hay nada más fuerte que tus rechazos protocolares. Tu brusca lúgubre brusquedad. El no como hace un tiempo lo tenía atragantado en las venas ahora lo veo revoloteándote remoloneándote. Tu enorme desierto. Tu rechazo. Vas a morir sin que te asesine, sin asesinarte te voy a matar y vas a la cárcel vos. Oh, para mí no es un placer. No es nada. Nada. Desierto tu palabrerío opulento, tu suave burda torpe terquedad tu no.
Desierto. De cierto no hay nada. De cierto; nada. Desierto el abismo donde ya no se busca una respuesta exacta, solo la posibilidad de encontrar algo.  Se busca la búsqueda, lo fuera del desierto.


Vieja Hipérvole


Regalame ratos. Regaláteme, Yo. No más esta intricada inquisición sobre mi ensalada que es la vida. El pecado es no dejarte vibrar en lo más profundo y lo más alejado del manicomio, estar agarrado a la nada con cemento de contacto.

No hay que dejarse a secas, sino dejarse avanzar. Dejarme ser. Me dejar ser. Qué anhelaje. Alcohol y melancolía en sangre. Una melancolía que no para y un no tan certero que da miedo. Y melancolía en sangre como plomo. Entonces me voy como un segundo que vuela por la chimenea de este barco a la deriva.

El inconsciente se vuelve algo todavía más abstracto, si cabe. Asquea la sensación de una melancolía inabolible. Después grité, pero no me escuchaste. Grité que prefería perderme en el infinito bosque de lunares y pecas de tu cuerpo. Después de la primera noche ya podía señalar cada uno de ellos con los ojos vendados.

Yo sufro sin motivo estricto, pero sufro estrictamente.

Estás al margen, pero no puedo negar que estás, así, en el cuaderno. Entonces llegan los ratos en que no nos creo, y así es que no me creo (en ningún lugar). Como no nos creo, no nos creo y viceversa.  Todo es un grafito que va perdiendo de a roces su tono.

Y ahora escribo porque el tiempo apuñaló mis intestinos y en las palabras encontré una forma de sangrar esa herida, que casi merece la pena.



martes, 6 de diciembre de 2016

Grito.

Cómo podrá ser que el grito no sea grito ni silencio, ni oblicuo ni nada; solo grito. Intenso, constante, filoso, agotador, callado, sibilante, nada, algo. Quizá es como acá, solo palabras una tras otra, quizá palabras ensimismadas, dichas al mismo tiempo por la misma voz, mezcladas, deslinealizadas.
Es.
 Es eso miles de palabras ensimismadas, las malas contrarrestando a las peores, las mutables contra las inmutables y al revés.
Es.
Son.
 Se desmembran del blanco como del blanco los colores. Pero es más el negro, el negro ausencia de color, el negro. Como ausencia de palabras cuando están todas juntas en su tarea tortuosa de la tortura ajena. Y la mierda que parece que se nos trepa hasta los tobillos. Y el caminar caminos cadenciosos irreparables, insoportables, caminos de mierda con mierda hasta los tobillos agotador como correr en el agua o en la arena. O simplemente agotador como caminar con mierda hasta los tobillos.
Voy subiendo las escaleras para arriba no es redundancia ni pleonasmo. Debo convencerme de a dónde voy,  convencerme de que voy, y noto la distancia así. Noto ya que avanzo sin tener que mirar un punto de referencia. Me cago en los puntos de referencia, los hundo en la mierda, los pierdo, los extraño, los vuelvo a perder, los dejo y tomo otros puntos de referencia para aclarar mi distancia respecto al primero.
Sigo caminando en la mierda. Hundo un nuevo punto de referencia y me pongo a correr en la mierda como en el agua o en la arena, agotadoramente.
Y grito, grito, grito para no escuchar el canto de los puntos de referencia. Solo convencerme de que avanzo.

Cómo podrá ser que el grito no sea grito.