Amás, a eso se remite todo. Si está
bien o si está mal si te da resultado si te da pena si te da. A si tu condena es amar o si amás estar en condena. Todo se remite al amor. A lo mejor o
a lo peor, al placer o al placar, el encierro.
Desde el amor más barato al más valioso desde lo mundano a lo inmundo ¿o
serán lo mismo? Tan así como el bicho que camina entre estas palabras.
Qué es lo que terminamos en la vida.
Una botella de cerveza, un plato de fideos, la jornada laboral, un curso, una
carrera universitaria. Una relación con alguien, el tipo de relación con
alguien. Mientras memoricemos estamos condenados a mantener las relaciones con
las cosas, con los humanos, con los que fueron con los que son. Funesto el
memorioso.
Vengo a cararrotearla para vos. Vengo
a saber si qué. De cierto no hay nada más fuerte que tus rechazos protocolares.
Tu brusca lúgubre brusquedad. El no
como hace un tiempo lo tenía atragantado en las venas ahora lo veo
revoloteándote remoloneándote. Tu enorme desierto. Tu rechazo. Vas a morir sin
que te asesine, sin asesinarte te voy a matar y vas a la cárcel vos. Oh, para mí
no es un placer. No es nada. Nada. Desierto tu palabrerío opulento, tu suave
burda torpe terquedad tu no.
Desierto. De cierto no hay nada. De
cierto; nada. Desierto el abismo donde ya no se busca una respuesta exacta,
solo la posibilidad de encontrar algo.
Se busca la búsqueda, lo fuera del desierto.