Cómo podrá ser que el grito no
sea grito ni silencio, ni oblicuo ni nada; solo grito. Intenso, constante,
filoso, agotador, callado, sibilante, nada, algo. Quizá es como acá, solo
palabras una tras otra, quizá palabras ensimismadas, dichas al mismo tiempo por
la misma voz, mezcladas, deslinealizadas.
Es.
Es eso miles de palabras ensimismadas, las malas
contrarrestando a las peores, las mutables contra las inmutables y al revés.
Es.
Son.
Se desmembran del blanco como del blanco los
colores. Pero es más el negro, el negro ausencia de color, el negro. Como
ausencia de palabras cuando están todas juntas en su tarea tortuosa de la
tortura ajena. Y la mierda que parece que se nos trepa hasta los tobillos. Y el
caminar caminos cadenciosos irreparables, insoportables, caminos de mierda con
mierda hasta los tobillos agotador como correr en el agua o en la arena. O
simplemente agotador como caminar con mierda hasta los tobillos.
Voy subiendo las escaleras para
arriba no es redundancia ni pleonasmo. Debo convencerme de a dónde voy, convencerme de que voy, y noto la distancia
así. Noto ya que avanzo sin tener que mirar un punto de referencia. Me cago en
los puntos de referencia, los hundo en la mierda, los pierdo, los extraño, los
vuelvo a perder, los dejo y tomo otros puntos de referencia para aclarar mi
distancia respecto al primero.
Sigo caminando en la mierda.
Hundo un nuevo punto de referencia y me pongo a correr en la mierda como en el
agua o en la arena, agotadoramente.
Y grito, grito, grito para no
escuchar el canto de los puntos de referencia. Solo convencerme de que avanzo.
Cómo podrá ser que el grito no
sea grito.
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