Acá está todo, todo lo que nada. Porque nada me sube, nada
me baja, nada me calma, nada me sacia, nada me llena, me llena la nada. Acá
está todo lo que nada, todo lo que nada de adentro hacia la piel que se me
seca. Acá está la vida que nada, que se ahoga. Acá está la individualidad
anónima, la que deja rastro de palabras muertas, la que nada.
La que nada me sienta bien, la que nada siento, la que me sienta, que no me sube ni me baja, no me sube, y me la baja. Acá está el aroma a dolor fresco, acá está la nada que quiebra la escarcha del invierno, la nada que es el mismo invierno y ataja todo rocío que quiere bañar la tierra infértil.
Acá se escribe el individuo, en el viejo andar, el viejo traqueteo, el viejo paseo cotidiano de la víbora entre la niebla del ánimo, el vago vaho que deja el paso del individuo colectivo en su flaqueza.
Ahí cuando la noche no alcanza para cicatrizar las heridas de la luz artificial.
La que nada me sienta bien, la que nada siento, la que me sienta, que no me sube ni me baja, no me sube, y me la baja. Acá está el aroma a dolor fresco, acá está la nada que quiebra la escarcha del invierno, la nada que es el mismo invierno y ataja todo rocío que quiere bañar la tierra infértil.
Acá se escribe el individuo, en el viejo andar, el viejo traqueteo, el viejo paseo cotidiano de la víbora entre la niebla del ánimo, el vago vaho que deja el paso del individuo colectivo en su flaqueza.
Ahí cuando la noche no alcanza para cicatrizar las heridas de la luz artificial.
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